20 de diciembre de 2017

[Crítica] El guardián entre el centeno - J.D.Salinger



Seguro que todos, en alguna ocasión, habéis escuchado este título a lo largo de vuestra vida. Quizá para muchos haya sido un libro obligatorio en el instituto mientras que para otros su lectura habrá sido de libre elección, como es mi caso. "El guardián entre el centeno" es muy famoso por el claro mensaje que quiere transmitir a sus lectores, pero tristemente lo es también porque ha servido como referencia a ciertos asesinos famosos: por citar el caso más famoso, Chapman estuvo leyéndolo en el tiempo que estuvo esperando a ser detenido tras asesinar a John Lennon, identificándose posteriormente con el personaje principal de la novela. 
Además el libro fue en su día ampliamente criticado por hablar sobre ciertos vicios (alcohol o tabaco) y las referencias sexuales continuas que hace el protagonista durante la historia, siendo tachado como un instigador de masas por parte de ciertos críticos.

Dejando de lado esos hechos morbosos, que desconocía por cierto, he decir que hace tiempo que deseaba leerla por el tema de ser archiconocida y estar muy valorada, por lo que no puedo evitar escribir sobre el tema por aquí.



He de ser sincera; al principio el protagonista, Holden Caulfield, me ponía un poquito nerviosa porque para tratarse de un chaval de 16 años en muchos pasajes parecía un niño de 5 años. Sin embargo, conforme iba avanzando en la lectura viendo sus reflexiones y la forma de ser de los personajes con los que se va topando, me ha ido ganando puesto que, en ciertos aspectos, entiendo su forma de parecer y de pensar. A fin de cuentas, en algunos momentos me sentía totalmente identificada con su forma de pensar y no porque el chico sea un devorador de libros. Creo que el rechazo inicial se debe, por otras críticas que leí por ahí, que no es lo mismo leer este libro siendo adolescente que adulto (algunos decían que no deseaban releerlo porque temen que su opinión sobre él se chafe).

Caulfield es expulsado del colegio donde estudia (la enésima vez que le ocurre) antes de las vacaciones de Navidad por sus malas notas, pues catea lo que no está escrito, siendo el motivo según sus propias palabras (está redactado en primera persona) que está asqueado del ambiente del instituto y esto no le motiva en absoluto, al contrario, le deprime un montón. Lógicamente, tampoco sabe qué hacer con su vida.
Es aquí cuando piensas "típico vago o rebelde que pasa de todo" porque ¿quién no ha sido así en su adolescencia o no ha tenido compañeros que repetían una y otra vez porque no hacían ni la O con un canuto? Lo peor de todo es que se sentían orgullosos de sí mismos... aunque éste no es el caso.
Por cierto que Caulfield es uno de los iconos más famosos de la rebeldía en la cultura popular, pero no al estilo James Dean o Marlon Brando en Rebelde sin causa, con chupa de cuero y motocicleta incluidas. Bueno, sustituid esas cosas por una gorra roja de cazador y cigarrillos, pues otra cosa no pero fuma como un carretero.

¿Adónde van los patos en invierno? - Pregunta sin respuesta que plantea reiteradamente el protagonista.

Como digo he de admitir que Caufield al principio me engañó totalmente con su inmadurez y sus aspavientos hacia el mundo en general llegando a caer él mismo en la hipocresía que tanto critica. Por ejemplo, mientras conversa con su compañero de cuarto, Stradlater , mientras se asea para una cita: intenta conversar con él de buen rollo pero a la vez no deja de decirnos lo enfermo que le pone que sea tan narcisista, por ejemplo,  y que le odia de verdad. Aún así es capaz de prestarle su abrigo a pesar de que se lo puede dar de sí para que cause buena impresión en la cita, el cual no podrá recuperar después.
Metafóricamente se nos hace referencia a este mismo sentimiento cuando el protagonista admite detestar el cine, comentando que prefiere leer antes el libro que ver la adaptación porque se nota que los actores están actuando, que todo es ficción, que es lo mismo que acabamos entendiendo que siente cuando mira a su alrededor: la gente actúa siguiendo unos roles impuestos por la sociedad y esto perturba enormemente a Caufield, sintiéndose cansado y asqueado por lo que le rodea.


Esta ansiedad, como digo, afecta a su carácter y es que a veces peca de inmaduro que te pasas: a ver, si te dicen que dejes de hacer preguntas con referencia a la vida sexual de una persona ¿por qué sigues preguntando, tío?
Es lo que le ocurre con Luce, un tipo al que él admira pero sin ser el sentimiento recíproco. Cuando pensaba que era un pesado y que normal que el tal Luce (que por otro lado se las trae) pase de Caulfield pero entonces éste me termina cerrando la boca cuando admite, en cierto momento,  que se siente realmente solo. En mi mente encontré cierto paralelismo con una escena de la película de Fiebre del Sábado Noche, donde Tony Manero (John Travolta) es abordado insistentemente por uno de sus amigos, Bobby (Barry Miller), que ha dejado embarazada a una chica y busca su consejo. A pesar de que se ve claramente que Tony pasa de él, Bobby insiste con el tema, llegando a hartar a su amigo quien promete que le llamará más tarde sin llegar a cumplirlo.
Me recordó enormemente por el tema de que aquí cada loco va a su tema, puede que les digan mil veces una cosa e insisten en lo suyo sin hacerse ningún caso mutuamente. Con lo cuál ¿qué clase de conversación es ésta? Realmente parece como si cada cual quisiera desahogarse con el más cercano sin importarle un pimiento los sentimientos del otro y, ni tan siquiera, escuchar lo que el otro tenga que decirle...


Pero volviendo a la novela, descubriremos poco a poco que Caulfield tiene miedo, un miedo que no nos deja de resultar familiar porque todos nos hemos enfrentado a él tarde o temprano en nuestra vida, algo sobre lo que también gira la anterior película citada. Y es el paso a la madurez, dejar de ser niño para convertirte en hombre y de esto empiezas a ser plenamente consciente justo en la adolescencia, donde tienes que ir pensando cómo vas a enfocar tu futuro de cara a ganarte la vida y crear una familia. Súmale las dichosas hormonas con la pubertad y menudo cóctel explosivo tiene como resultado: que si nadie me entiende, que si mi vida es un asco, que si me gustaría pirarme de aquí porque no aguanto nada, al carajo las normas, que si me importa una mierda hacerlo sin protección porque "carpe diem", etc. 
Muestra de esta alergia a la responsabilidad son claramente los encuentros con Spencer, Phoebe o el Sr.Antolini, donde Caulfield intenta salir por patas o cambiar de tema en cuanto se ponen serios con él, sintiéndose acorralado por tratar el motivo de su conflicto interno.
Sin embargo y curiosamente nuestro fumador empedernido no tiene la sesera tan hueca como parece y es precisamente por esto por lo que se crea este problema; es plenamente consciente de lo que debe hacer pero a su vez se niega en rotundo porque no le gusta en lo que debe convertirse, sintiendo que  ojalá la respuesta fuera huir bien lejos sin mirar atrás, porque él sabe bien que no lo es. Y eso le hunde aún más en la miseria.

He aquí un pasaje al respecto que me conmovió de veras, arrancándome sonrisas pero también provocándome una profunda tristeza (pinchad en la imagen para verla más grande, que no me deja blogger ponerlo en condiciones xD):




Y, así es como, casi al final, percibí un pequeño rayo de esperanza para este tarambana gracias al único salvavidas con el que cuenta en su vida, Phoebe. Porque ella quiere seguirle pero él se niega en rotundo... porque no quiere que ella sea como él. ¡Ah, amigo!
Comprobaremos el sorprendente tacto que tiene Caulfied con los niños y las emociones que le embargan cuando contempla a su hermanita, dándote ganas de poder entrar en las páginas y gritarle que ahí tiene su futuro esperándole con los brazos abiertos, en un paroxismo de emoción que casi salta las lágrimas y que da total sentido al título del libro:



"El guardián entre el centeno"  es un libro sobre la ansiedad juvenil, el conflicto que supone para el adolescente el paso de dejar atrás la infancia para convertirse en un adulto con responsabilidades, creando una serie de conflictos internos y externos con los que debe de lidiar para seguir adelante. Puede que el mundo y la gente, en ciertos aspectos, den auténtico asco pero está inscrito en nuestro instinto luchar por un hueco en esta locura de sociedad para poder salir adelante, porque siempre existirá un apoyo que nos ayude en esos momentos de fatal transición. Porque aunque parezca que los niños tienen prisa por crecer luego no dejarán de desear seguir siendo niños.

Os dejo con una última cita de algo que he pensado cientos de veces, sustituyendo la palabra "j..." por un graffiti cualquiera o porquería que ves en el suelo:




2 comentarios:

  1. Muy buen analisis. Reconozco que he leído dos veces el Guardián entre el Centeno por algo tan triste como que no me acordaba que ya lo había leído y me temo que las dos veces pasó igual, no me marcó. Quizá por aquello que dices de que no es lo mismo leerlo de adulto que de adolescente, quizá porque Holden Caulfield se me hizo cargante desde el primer momento.

    También es verdad que pensé que alguien tenía que estar muy perjudicado de serie para leer ese libro y querer matar a alguien. Es como lo de jugar a Final Fantasy VIII y querer comprara una Katana para matar a alguien.

    De cualquier manera, me ha gustado mucho tu análisis y me ha hecho mirar con algo más de aprecio a su protagonista.

    Saludos fremen.

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    1. Exacto, a mi al principio también me sacaba de quicio para luego darme cuenta de que pensamos igual de muchas maneras. A esta edad pienso que todos somos unos egoístas desagradecidos con nuestros padres, sobre todo a esa edad (entendiendo el grupo como algo familiar y no cosas raras que se ven por ahí) y que no nos damos cuenta de todo lo que hacen por nosotros y el dinero que se dejan... como pasa con Caulfield.

      Durante la lectura también me he preguntado muchas veces por qué esos perturbados abrazaban este libro... sigo sin pillarlo tampoco.

      Gracias por pasarte! Un saludo! ^^

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