3 de mayo de 2014

(Especial) Personajes que más adoro de la ficción: Lisbeth Salander


Sí, habéis leído bien y es que ya que estoy haciendo una serie de especiales de todos aquellos personajes que más odio de la ficción por qué no alternar con todo lo contrario, con todos aquellos que por una serie de características y actitudes me parecen de lo más molones para declararme fan incondicional.

Y no se me ocurre nadie mejor para inaugurar la sección que la señorita Lisbeth Salander, una mujer que podría considerarse como esas de armas tomar. A pesar de ver a diario, en su día cuando fue un boom, a la gente en el metro con cualquiera de los tres libros que componen la saga sueca de Millennium he de confesar que no me había llamado demasiado la atención; os juro que esos libros, junto con el de El Secreto, fueron los que más vi en esa época en la que me pasaba horas (literalmente) en el transporte público suburbano de Madrid yendo y viniendo. Pero fue ver a Noomi Rapace con esas pintas por internet y cautivarme, ya un poco con la curiosidad por las nubes al decirme a mi misma que si tanta gente lo leía la historia tenía que ser buena, por lo que un poco de cotilleo no iba a hacer daño.

El caso es que al final a mi padre le dejaron los libros y fue mi madre la que se los terminó leyendo en sus viajes al trabajo, quedando enganchada desde el primero momento y animándonos tanto a mi padre como a mí que los leyéramos, cosa que no llegamos a cumplir del todo.

Sin duda a la gente le encantó la historia que nos contaba Stieg Larsson en sus tres libros, aunque debido a su muerte prematura la misma quedó inconclusa, pues había comenzado a escribir la cuarta parte. Ni que decir tiene que da un poco de rabia, pero estas cosas pasan y al menos nos ha dejado a un personaje digno de admirar, que es a donde quiero ir a parar.

Larsson comentó que para crear a Lisbeth sólo pensó en cómo se desenvolvería Pippi Calzaslargas en la época actual, aunque yo creo que poco tienen en común ambas chicas. Y es que precisamente lo mejor de las novelas policiacas de Millenium es su fémina protagonista, Lisbeth Salander, considerada ya por muchos la nueva cara del feminismo o la heroína del siglo XX.

Como dije, sólo leí la mitad o así del primer libro, pero he visto las tres películas suecas y he de decir que Lisbeth me agrada muchísimo ya no sólo por sus pintas sino porque en algunos aspectos no puedo evitar reconocerme a mí misma en ella, mientras que en otros es radicalmente opuesta a mí.
De estatura diminuta, testaruda, reservada sobre sí misma, de mal carácter con tendencia a soltar palabrotas de manera gratuita, sufridora de bullying en el colegio y su dificultad para encajar entre lo que se considera la gente normal (aunque a ella no le afecta en absoluto) junto con su aislamiento autoimpuesto para crear vínculos emocionales con los demás por miedo a resultar herida o traicionada son los puntos que tenemos en común. Pero ahí acaba la cosa, porque Lisbeth es también una fumadora y bebedora empedernida, bisexual, capaz de enmascarar sus sentimientos hacia los demás, sin pelos en la lengua e increíblemente inteligente.



Ya digo que la sensación que causa Lisbeth en los demás cuando la ven, una chica que aparenta tener 14 años cuando en realidad tiene 24, tan increíblemente poca cosa (recalco su estatura de 1,50 m y sus 40 Kg de peso), llena de piercings y tatuajes y con esa actitud tan borde y seca hacia los demás ninguno de ellos serían capaces de averiguar qué se esconde tras ese comportamiento sociópata.
Si quitaran eesos prejucicios de enmedio descubrirían a una mujer con una inteligencia excepcional, con una capacidad de memoria fotográfica e increíblemente fuerte a pesar de su complexión, algo que demuestra en más de una ocasión en las novelas, como por ejemplo al ser practicante de boxeo o cómo encara algunas situaciones. Y es que cuanto más la conoces más la admiras y la entiendes, más increíble te parece y más piensas "ole tus ovarios, niña".

Un ejemplo de como es Lisbeth es cierto percance que tuvo con un compañero de colegio que la tenía tomada con ella, que en cierta ocasión llegó a golpearla sin miramientos mientras el resto de niños reían de lo ridícula que era ella por intentar mantenerse firme contra un matón que la superaba en tamaño y peso con bastante holgura. Lisbeth estuvo días sin ir a clase por las heridas sufridas, pero el día que volvió esperó a su agresor a la salida y sin mediar palabra le reventó un bate de béisbol en la nuca, motivo por el cual fue expulsada del centro.
Una de cal y otra de arena, pero sólo cuando es amenazada, Lisbeth contraataca para demostrar que por mucho daño que la hagan ella va a devolver el golpe con creces, lo que muestra su fortaleza de carácter, mientras en su fuero interno piensa que es el modo más lógico de encarar la situación y que el otro se lo tenía merecido...
Intentar, mediante un cartón de leche lleno de nafta y una cerilla, quemar a tu padre vivo dentro de su coche puede parecer horroroso, propio de una mente enferma que debería ser curada en un manicomio (cosa que ocurre pero me niego a entrar en detalles) o recibir su propia medicina. Igual que por el episodio del bate descrito más arriba. Pero de pronto conocéis el detalle que Lisbeth lo hizo porque su madre acababa de recibir una de las cotidianas palizas por parte de su padre, aunque esta última la acaba dejando en estado vegetativo y entonces pensáis que vosotros hubierais hecho lo mismo, sobre todo teniendo en cuenta el propio argumento de Lisbeth (más o menos así): "Lo hice porque pedí ayuda a la policía y no me hicieron caso, y estaba harta de que ese cerdo le pusiera las manos encima" es algo que ha pasado y seguirá pasando, sobre todo teniendo en cuenta las diferencias de mentalidad que existen entre unos países y otros.

Y cada vez que sufre o es víctima de algo fuerte y atroz, como le ocurre en el primer libro con su tutor Bjurman, la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina se tatúa algo en su cuerpecito, algo que la marca y la hace recordar, un dolor que la hace recrearse en lo sufrido y hacerla más fuerte. Y dejarlo atrás. No la veréis nunca confesándole a nadie sus traumas ni sus problemas, así es Lisbeth.



¿Pero por qué esta mujer es así, tan extremista? Precisamente el causante de ese modo de ser es lo que podría considerarse como su arma de doble filo; por padecer Síndrome de Asperger Lisbeth es así de asocial, aunque gracias a esta enfermedad ella cuenta con esas cualidades excepcionales ya mencionadas para la informática, los números y la memoria. Gracias a ello es una de las mejores hackers (actuando con el sobrenombre de Avispa) y puede trabajar como investigadora privada para Milton Security, razón por la cual acaba metiéndose en la trama.

Por si tenéis curiosidad decir en plan rápido que el síndrome de Asperger es una especie de ceguera emocional que los especialistas relacionan con el autismo. Las personas que lo padecen son profundamente asociales, les cuesta establecer vínculos emocionales y son incapaces de distinguir matices como la ironía y el sarcasmo.

Ella no es perfecta, y nadie lo quiere. Por su faceta de mujer autosuficiente y fuerte que no tolera el vasallaje, aunque acabe recibiéndolo, Lisbeth Salander es una mujer digna de admirar y que, aún a pesar de su pasotismo hacia la gente y el reconocimiento social, es en el fondo una buena chica que sabe apreciar lo poco que tiene y ser agradecida cuando recibe ayuda.



Para cerrar el post, comentar que Noomi Rapace está soberbia en su actuación y consigue muy acertadamente mostrarnos a Lisbeth tal como la imaginamos leyendo el libro, aunque quizá la Salander de la versión americana, Rooney Mara, encaja mejor por algunos detalles de su físico (pelo claro y mayor delgadez). Aunque tendré que verla en acción para opinar con más detalle. ¿Vosotros cuál preferís?