31 de agosto de 2014

Aquellos maravillosos momentos: Inicios con la NES y Supervision 76-in-1


Voy a alejarme aún más en la línea de tiempo y voy a remontarme a casi mis inicios en el mundo de las consolas que, a diferencia de muchos, tuvo lugar con tan sólo una consola durante muchísimos años, hasta que me compré la Playstation 1. Yo no he sido de éstos que han tenido prácticamente todas las consolas del mercado porque mis padres siempre han pensado que con una basta, sobre todo teniendo en cuenta que el primer cartucho que tuve para la NES, mi primera consola, tenía un total de 76 juegos arcade, algunos mejores que otros y algunos que no funcionaban a la primera y tenía que insistir a entrar y reiniciar la consola hasta que arrancaba, pero sin duda una fuente ilimitada de vicio. Aquí tenéis la lista al completo: LISTADO.

Sin duda éste ha sido el cartucho que más he usado y al cual más he jugado de los pocos que tengo para la NES debido a la cantidad de juegos que contiene y tan variaditos. Fijaos si lo usábamos que se tiró años sin ser sacado de la consola hasta que me compraron el siguiente juego que era el Super Mario Bros 3, del que sin duda hablaré por aquí en otra ocasión.

La consola, todos los cartuchos (el de 76 es el segundo de la izq.) y dos de los mandos que tengo.

Me la compraron una tarde de invierno, juraría porque me suena que era de noche, cuando yo tenía unos 5 ó 6 años, no lo recuerdo exactamente, en una tienda bastante grande y conocida de electrónica de mi localidad llamada Sonysimo. No recuerdo qué les impulsó a mis padres comprarla aparte quizá de su amor por los juegos como Pong, Breakout, Space Invaders, Pacman y otros tantos a los cuales habían jugado algunas veces en las recreativas. El caso es que pillaron la NES con dos mandos y el cartucho ya mencionado; con el tiempo iríamos ampliando el número de mandos y de cartuchos, pero no penséis de un modo exagerado porque no.
Por aquel entonces, en este cuarto donde tengo el ordenador (ya que no está en el mío propio) teníamos en su lugar una tele pequeña que he conservado hasta este año y un vídeo que usaba yo a menudo para ver pelis por las tardes y aquí fue a parar la consola. En este sitio es donde empecé yo mi vicio con los juegos y donde pasé tantas horas dándole a las teclas de los mandos, a veces sola y a veces con mis padres... porque sí, claro, ya se ve que ellos iban a jugar y tenían hasta sus piques con ciertos juegos a los que nunca podían dejar de jugar.

Arkanoid, Super Mario Bros, Galaza, Abeille, Pinball, Tetris, Balloon Fight, Donkey Kong, Excite Bike, Circus Charlie, Pacman, Mag Max, Ice Climber, Wrecking Crew, Joust (favorito de Entomomatico), Nuts & Milk,  ... y podría seguir, eran de mis favoritos y con los que más solía jugar con mi madre y con mi padre, el último sobre todo a los juegos espaciales (Abeille, Gallaza) y con mi madre los de plataformas (Super Mario, Ballon Fight) o del tipo de Tetris, Arkanoid y Pinball, aunque vamos, tampoco es que no jugáramos a más cosas pero nunca faltaba en la ronda de vicio esos juegos.
Luego ellos, a manera personal, siempre finalizaban con una partida al Star Juster, que es una versión del Space Invaders que incluye casitas que puedes usar como parapeto, juego que a mi de pequeña, no sé por qué, detestaba y que prefería verles jugar a ellos que hacerlo yo. Creo que era porque mi madre no paraba de preguntarme por qué me cargaba las casas para disparar si me mataban y porque se me hacía muy lento, aunque luego con los años le he cogido el gustito y he de defender mi estrategia de destrozar a veces las barreras de protección.



¡Cuántas risas, cuántos piques y cuántos mosqueos y amenazas! A veces me frustraba tanto que vociferaba no sé qué cosas en voz alta (no podía decir tacos y no lo hacía) y eso hizo que un día mi padre se hartara y me la desconectara, metiéndola en su armario y diciéndome que me podía olvidar de ella, por mucho que le suplicase que sería buena y que no metería ruido. Como no me hizo caso, desesperada, me colé a hurtadillas en su cuarto, abrí el armario y me puse a sacarla de ahí aún sin saber cómo me las iba a apañar para enchufarla y sintonizarla con la tele, algo que a esas edades se me hacía bastante lioso. No llegué a afrontar el reto porque mi padre me pilló, literalmente, con "las manos en la masa" y yo me quedaba como una tonta totalmente inmóvil por la cazada y no queriendo enfadar a mi padre. No sólo me regañó sino que metió la consola en el armario de nuevo, quitó la llave y me echó del cuarto, asomándose continuamente por si se me volvía a ocurrir asomarme por ahí... cosa que ya no hice y que al final, con paciencia, hizo que me la devolviera a su lugar.


Las mejores partidas eran sin duda con mi madre dando igual la época, porque hasta la fecha alguna vez conecto la NES y seguimos echando alguna partida a sus favoritos. Con el que más disfruto yo es con el Balloon Fight, un juego donde cada jugador maneja a un hombrecillo con dos globos en la cabeza que vuela para pinchar los globos de unos pájaros que vuelan por todo el escenario, afrontando una serie de peligros como son un pez insaciable en el lago o los dichosos rayitos random que matan de un toque al personaje. Mi madre es de las que gesticulan mucho jugando, mueve el mando a los lados metiéndotelo en la cara pensando que así girará más el personaje, grita y tal, así que os podéis hacer una idea de la que se monta, sobre todo cuando la pinchan o está cerca de la muerte en el lago, porque no sé por qué no es capaz de remontarse y se va hasta el fondo mientras ahoga grititos de "Aaayyy, aayyyy... ¡aaayyyy!".
Pero lo mejor es la fase del bonus porque en ella no hay enemigos, tan sólo 20 globos que van saliendo de diferentes tuberías y que hay que coger para recibir una bonificación extra al reunirlos todos, teniendo que cooperar ambos jugadores. La cosa es que aquí es la única fase en la que puedes pincharte los globos y no morir al caer y ya, por costumbre, no nos limitamos a cogerlos si no que intentamos pincharnos entre nosotras. La verdad que fui yo quien inició eso al resultarme divertida la perorata que suelta mi madre, los pellizcos que se pone a darme mientras se desternilla de la risa y sus esfuerzos inútiles por escapar de mis garras. Pero ¡eh! que no soy tan traviesa, que siempre la doy consejos y le digo trucos para conseguir más vuelo o hacer determinadas acrobacias y no sólo en este si no en todos los juegos, porque tienen su toque oculto que sólo descubres al curtirte tras largas horas de vicio.
Sólo diré que con éste juego estuve una vez tantísimo rato sin morir que acabé pasando de sobra el marcador máximo de puntos (el máximo eran 999.999 puntos, cantidad que una vez rebasada permanece estática y se reinicia el contador personal) y aún así estuve un bueeeen rato siguiendo con él pero que acabé dejando ya por pereza y porque me dieron las horas de comer. Jamás he vuelto a reunir las ganas de intentarlo de nuevo, pero esa fue mi partida perfecta. Ya sabéis que los arcade tienen una alta dificultad que va creciendo hasta un máximo, manteniéndose constante a partir de ese punto.


Con mi padre también he compartido buenos momentos con los juegos de las moscas (Gallaza) y las abejas (Abeille) intentando siempre entre los dos conseguirnos las máximas puntuaciones, el 100%  de los bonus y llegar a la máxima fase posible, cosa bastante difícil. Y no os penséis que mi padre era malo, al contrario, al principio me superaba pero con el paso de los años acabó perdiendo fuelle por no jugar pero aún así se mantenía bastante bien. Eran sus favoritos junto con el de los marcianitos, Super Mario Bros y, en menor medida, Pacman y Lunar Ball, de modo que siempre si le entraban ganas de jugar se decidía entre estos principalmente.
La pena es que, por ciertas condiciones de salud, ya no puede jugar a la consola como antes y es más, él mismo nunca tiene ganas y se conforma con dejarnos a mi madre y a mí jugando y el mirando a ratos o ni eso. Ahí se jubiló un buen contrincante (xD).


Podría seguir contándoos bastantes anécdotas pero entonces jamás acabaría la entrada y hablaros de más juegos que ni he comentado (Battle City, City Conection, Millipecle, Macross, Formation Z, B-Winges,  Pengun Adventure, Karateka, Burguer Time, Bomber Man, etc ) y lo único que quiero dejar patente es que la NES me despierta unos recuerdos bestiales de la niñez y que, a pesar de lo antiguos y feos que puedan parecerles a las nuevas generaciones de gamers, son SEÑORES JUEGOS (en mayúscula) y que siempre tendrán un huequito en mi corazón. Y que, si consiguiera que la capturadora me pillara la NES, grabaría y subiría al canal sin ninguna duda.

30 de agosto de 2014

Aquellos maravillosos momentos - Crash Bandicoot: Warped






¡Muy buenas a todos! Tras verme el gameplay de un youtuber llamado Alexelcapo al que sigo de vez en cuando (no mucho porque ya no mola como antes, pero cuando sube los juegos de mi corazón hago la excepción) me ha entrado un monazo tremendo de hablar de este juego, teniendo además abandonada la sección que nació como una idea de SAeNcSA, el cual también la tiene cogiendo telarañas y aprovecho desde aquí (porque sé que lo estarás leyendo, pillín) que te animes y compartas otra hilarante reseña sobre algún juego de tu infancia.

Pues el susodicho juego se trata, como ya habéis podido deducir con vuestros poderes detectivescos, Crash Bandicoot: Warped, el tercer y último título de la saga - olvidad Crash Team Racing, porque es un juego de carreras y no un plataformas, aunque me encanta y ya hablaré de él por aquí - que creó Naugthy Dog. Ya hablé por aquí de los maravillosos momentos con Crash Twin Sanity, pero eso ya es trabajo de Sierra y es el único que se libra de la falta de interés en el resto de títulos, aunque también jugué a Crash: Lucha de Titanes y a Crash: Guerra al Coco-Maníaco que, si bien no están tan mal como el Crash: Wrath of Cortex no llegan al nivel de los anteriormente mencionados.

Bueno, me pongo al lío que si no os aburro. ¿Cómo tomé contacto con Crash Bandicoot? Pues precisamente Crash Bandicoot: Warped fue el primer juego de la saga al que jugué, uno de los títulos que me encontré un día al volver del colegio encima de mi escritorio grabados por un ex-compañero de curro de mi padre que se dedicaba a estas cosillas en sus ratos libres.

¡Me encantó el jueguecito desde el primer momento! Me recordaba mucho a mi amado Mario con el tema de tener que coger manzanitas para tener vidas y romper cajitas, porque el plataformeo era un tanto diferente y desde otra perspectiva. Encima tenía un gran sentido del humor, algo que a mí me enamora enseguida y pronto me empecé a pegar tales viciadas que no sé ni cómo no se quemaba la consola de tanta caña. Sin embargo encontré, como en todo título que se precie, mi gran némesis, mi espinita clavada que me tuvo un tiempo sin ganas de jugarlo por no poder seguir avanzando.
Veréis, el juego trata de que el archienemigo (y a la vez, creador de Crash y su hermana Coco) el Dr. Cortex, junto con la máscara mala Uka-Uka, empiezan a usar una máquina del tiempo para viajar a diferentes eras y cambiar la historia para hacer a Cortex como el jefazo del mundo. Crash y Coco, alertados por la máscara buena (y hermana de la mala) Aku-Aku se ponen manos a la obra para frenar los planes del malvado doctor y sus secuaces.
Precisamente uno de ellos resultó ser esa espinita de la cual he hablado más arriba y no es otro que el Dr. N. Tropy (o el doble del genio de Aladdín, como prefiráis, creador por otra parte de la máquina del tiempo) y es que este combate, a pesar de tener una mecánica sencilla, se me estuvo atascando durante muchísimo tiempo, llegando a ser realmente frustrante. 


En esa época habíamos retomado contacto con el único tío que tengo por parte de madre y su hijo, el cual resultó ser todo un viciao como yo a los juegos; la diferencia es que yo me tomaba la coca-cola en vasos (no más de tres al día) mientras que el se las bebía en botella (que caía una al día seguro), la bebida por excelencia para acompañar al vicio. Mientras los adultos hablaban de sus temas mi primo y yo nos metíamos en mi cuarto, enchufábamos la consola y así nos pusimos a jugar a muchos juegos que compartíamos: Metal Gear Solid, los Oddworld, Star Wars: The Phantom Menace... y este Crash. Él en ese momento se iba más adelantado que yo y me pasó al Dr. Tropy en un abrir y cerrar de ojos; si mal no recuerdo se iba por el jefe final, Cortex y le metió mucha caña para llegar hasta ahí e intentar pasárselo en mi casa, alternando el mando claro. En su ausencia, volví a pasarme todos los niveles y los jefes para poder afirmar que me lo había pasado yo también todo, eso sí.
La cosa es que cuando vences a Cortex te avisan que todavía quedan gemas y cristales por recoger y te dan el poder de Esprintar para poder hacerte las contrarrelojes hasta el máximo nivel, el platino, y así poder completarte el juego al 105% para desbloquear un final alternativo. Para ello tendrías que coger todos los cristales, todas las gemas (las incoloras y las coloras) y los trofeos en contrarreloj mínimo oro (zafiro, oro y platino). Con las gemas no hubo problema, pero conseguir el oro a veces y ya no digamos el platino era realmente jodido y sólo para expertos. Por lo tanto tuvimos aún muchas horas de vicio porque tanto mi primo como yo íbamos a por todas y pronto comenzaron piques amistosos sobre quién se hacía antes cuál contrarreloj y también echadas de cable en determinadas áreas, pues a veces fallaba yo y a veces fallaba él pero al jugar en nuestras opuestas partidas así nos ayudábamos a conseguirlo. 

Recuerdo particularmente una tarde en mi casa que gastamos enterita en intentar conseguir dos de los trofeos de platino que más nos costaban: los de las murallas chinas. Intentando una y otra vez ambos, incontables pasadas de mando cada vez que fallábamos, pues el mínimo error significaba el fracaso de la misión. Mi primo se fue sin que tuviéramos éxito y entonces, me dio un algo que me resistía apagar la consola, así que tomé el mando y lo intenté una vez más... y me hice con el platino a la primera en la primera muralla. Increíblemente asombrada, se me infló el ánimo y me fui a la segunda pantalla de la muralla, lo intenté una vez... y platino al bolsillo. Recuerdo habérselo dicho a mi primo y que éste no se lo creyera y, cuando pudo volver a mi casa, le mostré orgullosa mis tiempos, con lo cual me aseguró que ahora se sentía obligado a conseguirlo para poder igualarme... todo muy amistosamente, claro.

Platino en la primera muralla. Parece fácil pero no lo es, os lo aseguro.


Si tenéis curiosidad diré que no recuerdo si él consiguió o no alcanzar el 105%, aunque creo que sí, porque yo también acabé consiguiéndolo, si bien salvo cinco casos en los que me quedé con el oro (en las acuáticas seguro, y lo más probable que las del avión), me alcé con el platino en todas las áreas.


Pero este juego también me hace recordar el trolleo que le hice a una niña que era hija de unos amigos de mi tío. Era más pequeña que mi primo y yo (que tuviéramos unos 14 años y ella unos 10 u 11) pero eso no la impedía ser una consentida y de éstas que buscan salirse siempre con la suya a base de protestar a los padres de los demás, que es lo que hacía cuando mi primo no la dejaba tocar la consola porque me comentó que casi le jode un disco una vez y mi tío venía realmente mosqueado porque mi primo se pasaba el día dándole al tema de la consola. Mi primo t, por éstas y otras cosas, la tenía una tirria bastante especial. 

Pero un fin de semana que pasamos en el chalet que tenía mi tío por aquella época mi primo salió con sus amigos y yo me quedé con la niña en casa (más adultos) y nos pusimos a echar partidas a juegos sueltos, en los cuales ella acaparaba el mando y a mi no me dejaba casi probarlo. Jugábamos también a los juegos que ella quería, que yo no conocía y moría casi en el acto o no me gustaban y ella se ponía a jugar durante bastante tiempo con las reglas de turnos que más la favorecían a ella.
Al final conseguí ponerle el Crash porque, aparte de que sabía que la iba a gustar, me estaba vengando un poquito de ella por cotillearle cosas a mi primo cuando él no estaba y por no dejarme jugar con el típico "no así no, es así" y quitada del mando en mi turno. Le expliqué cómo iban los controles como una buena chica y le dije "Mira, empezamos con 5 vidas. Como es un juego en el que te matas con una de pipas, los turnos serán de las vidas que tengas. Si coges 100 manzanas tienes una vida, más las sueltas por el mapa, así que no será difícil que el marcador suba a toda leche.." así la fui explicando todo el funcionamiento, de modo que muy cabrona no fui.
Eso sí, en la parte de la muralla, le dije que si usaba cuadrado iría más rápido y ella, como tonta, se puso a intentar pasarse la muralla de ese modo sin sabérsela, por lo cual se le fundieron las vidas echando hostias. Malignamente triunfante, le tomé el mando y me puse a viciarme y a coger vidas como una descosida y, como me lo tenía más que calculado el juego, no me mataban ni una sola vez. De hecho, fue matarme una vez y saltar exigiéndome el mando inmediatamente, a lo que yo la contesté:
- "No; te dije que los turnos eran todas las vidas que tuvieras. Tú te has matado antes unas siete veces y te he dejado jugar hasta que te has quedado sin vidas. Tu turno acabó ahí y empezó el mío. Sólo me he matado una vez, pero tengo muchas más vidas. Sigue siendo mi turno y, por tanto, el mando es mío". 
- "Pero no vale, tú tienes muchas vidas".
- "Porque he ido cogiendo todas las manzanas. Si tú te has dejado muchas por pereza, no es mi culpa, ya te avisé cómo funcionaba esto".
Me guardé que mi trampa fue la muralla, pero no tengo la culpa si ella no fue lista y pensó que mejor la pasaba andando que no trotando como si el tigre tuviera celo.

Y adivinad... que la niña pronto se cansó y se fue a buscar a mi madre diciéndola que no la dejaba jugar, algo con lo que ya contaba yo y frente a lo cual nada podría hacer.

¡Quiero jugaaaaaaarrrrr y no me dejaaaannnn! - Así era esa peque.

Mi madre me miró significativamente porque sabía lo plasta que era la niña y me dijo que la dejara jugar pero sin insistir mucho y pirándose enseguida. A regañadientes la dejé, me pulió en cuestión de segundos las diecitantas vidas que había conseguido. Pero no me importó, el mono de Play se había estado sustituyendo por otro... me fui a jugar a los dardos, que mi tío tenía una máquina trucada y ahí la dejé, aunque luego vino a buscarme para ver si jugaba con ella, pero se tuvo que volver sola porque yo acababa de empezar un 501 con mi madre y la madre de esta niña. Menudo vicio me eché pa'l body.

Para la hora de cenar llegó mi primo, la hizo esfumarse de una manera muy grosera  y así pudimos recuperar la consola, poniendo el "Star Wars: The Phantom Menace" que era otro juego con el que también estábamos los dos bastante enviciados por el tema de la peli... con las correspondientes idas y venidas de adultos con la niña detrás para que la dejáramos jugar, pero mi primo y yo hacíamos, malignamente, que se matara dándole consejos y órdenes erróneas para luego reírnos entre nosotros por tomarla el pelo de una manera tan fácil.


En fin, que esos son los recuerdos felices y ya muy borrosos que tengo con el Crash Bandicoot: Warped como protagonista. ¿Vosotros habéis jugado? ¿Os gustó tanto como a mí como para completarlo al 105%? ¿Qué recuerdos os hace florecer en vuestra mente? Por mi parte, me despido del todo dejándoos con lo mejor del juego:

El baile que todos imitamos, seguro, al hacernos hacernos con los platinos.

21 de agosto de 2014

Mi experiencia con AEPEJ




Muchas son mis opiniones acerca de la actual situación en España relativa a muchas cosas: corrupción, altos niveles de desempleo, delincuencia, situación económica... es un largo étc. que paso de desglosar e incluso de hablar de ello por aquí, porque creo que sobra y no quiero dar ningún pie a discusiones. Sin embargo, no puedo callarme respecto a cierta experiencia que he vivido y, aunque no todos son puntos malos, sí que hay una sensación global que empaña esa pequeña etapa de mi vida debido a garantías y promesas que nunca llegaron a ser.

Empezaré por el principio, paso de dar fechas exactas porque no me apetece y por diversas razones que prefiero guardarme, pero sí contaré todo lo vivido durante ese escaso tiempo de apenas un par de meses de duración.


Tú eres una persona que siempre has intentado dar lo mejor de ti misma en tus experiencias tanto estudiantiles como laborales, sobre todo cuando ya tienes cierta madurez como para entender cómo funcionan las cosas. El caso es que, tras bastante tiempo buscando trabajo tras finalizar mis estudios, recibo una llamada al móvil de un número que no conozco y, tras un vistazo inicial, no tiene ninguna pinta "extraña" - con esto me refiero a que sea más largo que un día sin pan, que sea oculto o que parezca de otro país o de publicidad, que es lo que normalmente me llama- y por lo tanto decido descolgar con el estómago al revés pensando "¡Esto es para una entrevista!". Efectivamente, así era. Una mujer (evito nombres) con un tono de voz bastante amable y que aseguraba llamar de Academias Colón, donde yo misma había echado el CV unos siete meses atrás, quería saber si estaba dispuesta a acudir para una entrevista de cara a un puesto de trabajo sin determinar, a lo cual, por supuesto, contesté encantada que sí.

Esa misma mujer sería mi entrevistadora, como bien pude saber cuando acudí a uno de los centros de la academia en Madrid capital y tras rellenar un formulario con los datos de siempre, supongo destinado a archivo. 
La mujer me llevó a una sala donde al menos tenían lugar otras dos entrevistas y, tras las preguntas típicas iniciales, procedió a explicarme a qué puesto aspiraba: consultor de formación. Procedió a hablarme de una asociación que se había creado en colaboración con las Academias Colón llamada AEPEJ (Asociación Española para la Promoción del Empleo Joven), sin ánimo de lucro y con ámbito de actuación en todo el territorio nacional, cuyo propósito principal es crear y potenciar el empleo de los jóvenes españoles. Para ello, me explicó, se ofrece un asesoramiento a pymes (pequeñas y medianas empresas) y también a los propios jóvenes en situación de desempleo; por otro lado, las empresas, con tener un trabajador, reciben una asignación de cara a formación de sus empleados (ni autónomos ni funcionarios incluidos, pero podían recibir asesoramiento por parte de la asociación). 
Yo, como consultora de formación, me encargaría a asesorar a estas personas sobre sus posibilidades de cara a formación, intentando además captarlos para la asociación, pues se beneficiarían de descuentos sobre los diferentes cursos.

No era el puesto que yo deseaba, desde luego, sobre todo porque tenía tintes de comercial, pero seguí escuchando y respondiendo a las preguntas que me hacía mi entrevistadora. Me aseguró que, aunque pareciera un poco lioso, no iba a tener problemas porque recibiría formación gratuita por parte de las Academias Colón (aunque tendría que dejar un depósito que se me devolvería tras finalizar el curso) que contaría con teoría y práctica; debía aprobar ambas para acceder al puesto de trabajo, pero me aseguró en tono desenfadado que no era complicado aprobarlo si me esforzaba y que luego tendría asegurado un año de contrato con un sueldo fijo de 800€/mes + comisiones por socio conseguido y trabajando unas 6 horas diarias. Que sí, que al principio haría mucha calle yendo a los establecimientos que me tocaran dentro de mi zona, con un compañero, pero que luego tendría ya más trabajo de oficina y se asemejaría más a un puesto de administrativo, que es lo que yo andaba buscando.
Luego esta mujer me confesó que no me veía una persona que pudiera manejarse en este tipo de trabajos (se me debe ver a la legua) pero como yo me mostré tan optimista me prometió que si era seleccionada, que todo apuntaba a que sí, me llamaría la semana siguiente para una segunda entrevista.

La verdad es que estaba contenta porque, aunque fuera un trabajo de comercial y me exigiera quedarme sin pies de las vueltas que iba a dar iba a tener un sueldo base y, que aunque luego no me fuera muy bien y me echaran, mejor eso que no hacer nada. De modo que esperé con bastantes ansias la llamada, la cual se retrasó tanto que pensé que la seleccionadora había decidido que, efectivamente, no encajaba con el puesto, por mucho que yo me lo tomara como un reto, pues efectivamente nunca me he considerado alguien con cualidades de comercial.


Pero sí acabó llegando y acudí para una segunda entrevista con otra mujer que se limitó más que nada a informarme de nuevo sobre la asociación y sobre cómo funcionaba lo del depósito para el curso, hacerme firmar los papeles de rigor y asegurarme de que me llamarían otro día para hacer el ingreso del depósito y ya informarme del inicio del curso.

Así pues empezó todo; las clases serían en ese mismo centro y empezaron poco después, durando un mes y algo más. Y qué cosas, que mi entrevistadora era nuestra profesora y ya había otras clases que habían empezado un poco antes que nosotros, que éramos los últimos en incorporarnos. Tras el típico ejercicio de redactar cosas sobre tí mismo y que lo lea otro compañero que yo tanto detesto, entraron otras dos chicas que podrían ser perfectamente de mi edad y que se anunciaban como nuestras trainers de cara a las prácticas.
Y aquí empezaron los "madres mías" porque nos pusieron una tabla de objetivos a cumplir para ¡aprobar las prácticas!. En plan de "por contratar un curso bonificado o privado de tantas horas de duración, 4 puntos" "talleres no gratuitos, medio punto", puntuación global pero dividida entre dos para cada compañero de la pareja. ¡Y ojo! Que había cursos como el nuestro por el cual la persona que estudiaba se comprometía a trabajar un año para ellos.

Ahí ya mis compañeros y yo empezamos a indignarnos porque para nada nos habían dicho eso en las entrevistas, de que tuviéramos que hacer X puntos para aprobar el curso (si suspendías una de las dos, suspendías todo) y que nos habíamos imaginado que serían estilo las que tienes que pasar cuando terminas los FP o la universidad. Entonces procedieron a darnos ánimos, a decir que no sería difícil, que las otras clases iban bien, étc. Un método comercial de lo más repulsivo para mí para subir el ánimo y que sería muy habitual durante todo el curso. La cosa es que como pronto vieron el escaso éxito cosechado se apresuraron a asegurar que no nos guiáramos por esos puntos, que sí que habían tenido menos éxito del esperado así que siguiéramos como estábamos que todo iría bien. Pero eso fue más adelante.

Lo que fue el curso respecto a la teoría fue bastante normal; cuatro horas al día de clase teórica con sus pausas de descanso correspondiente que para nada se hacía largo y cuyo contenido era lo esperado: la comunicación, el marketing, nuevas tecnologías (ahora me pararé en ellas) y prevención de riesgos laborales.
Además las prácticas se comían parte de esas horas que teníamos, pues se dieron a la vez y no después de la teoría y las trainers venían casi sin avisar y nos machacaban con técnicas y diversos ensayos. Pronto se nos hizo entrega de un par de carpetas: una donde venía toda la información sobre cada curso, los precios y los formularios correspondientes (nuestra Biblia) y otra para guardar los seguimientos que tendríamos que hacer de los lugares visitados. Siempre debíamos llevarlas.
Tal como lo explicaban y demostraban parecía todo de color de rosa, fácil y sencillo, aunque todos supiéramos que el trabajo de comercial no es nada fácil. Pero viéndolas a ellas manejarse y cómo nos intentaban educar para salir airosos nos hacían casi creer que seríamos capaces de comernos el mundo - con las continuas fórmulas para subir la moral y aplausos a raudales para animar entremedias, algo que ya se me antojó a la larga como frío y falso.

"Todo bien, todo correcto, vamos a asociar a esta jodida ciudad" - es lo que intentaban que asumiéramos.

El caso es que pronto tuvimos que empezar a salir, pronto dos días de la semana quedaban exclusivos como prácticas y pronto pudimos comprobar lo difícil que era conseguir que alguien se asociase, lo cuál entiendo, yo tampoco daría mi dinero así por las buenas. Las parejas las seleccionó la profesora atendiendo a nuestras personalidades y formas de ser: yo era la tímida y reservada pero la que cuando hablaba era para transmitir compromiso y sinceridad, mientras que mi compañera era la suelta y dicharachera con don de gentes. 


La historia es que, conforme pasaba el tiempo, nos fuimos dando cuenta de determinadas cosas que mosqueaban: que empezáramos más tarde que el resto de clases pero que luego el curso acabara para todos el mismo día - por lo que recibíamos menos formación al tener menos tiempo y es que no nos dio tiempo a ver todo - y las prácticas empezaran para todos el mismo día también, que las nuevas tecnologías empezaron tarde y mal y que la prevención de riesgos laborales se limitó a que nos leyéramos el texto y hacer unos ejercicios en plan test, que las trainer no evaluaban nuestro trabajo por vernos en acción si no por la cantidad de puntos acumulados (se iba a lo mejor con una pareja al día y sobre todo con los de Madrid capital y no los que estábamos en la zona sur), lo cual me parece realmente injusto; primero, porque podemos tener mala suerte pero hacerlo bien y segundo, el verano es una temporada difícil porque se acaban de pagar diversos impuestos y porque los comerciantes se van de vacaciones. Teniendo en cuenta además las fórmulas que nos enseñaron no funcionaban para nada y ni siquiera cuando la trainer venía con nosotros conseguíamos nada, creo que es una forma más de demostrar lo injusto que fue todo.
No faltaba el típico machaque de "los de esta clase llevan tantos puntos más que vosotros" o "venga chicos, no os desaniméis" y cosas así igual. Además se aprovechaban que al tener horarios diferentes las clases no coincidíamos, pero sí había un chico que tenía un contacto en otra clase y nos informaba que a esos les decían exactamente lo mismo y les iba tan  mal como a nosotros.

También yo creo que el problema estribaba en que ninguno de nosotros llegamos a creer nunca en el proyecto de una manera real, por lo que esa inseguridad la transmitiríamos al hablar y además éramos incapaces de aprendernos todo lo que teníamos que decir en tan poco tiempo, junto a que siempre se procedía igual ante todos: romper el hielo, hablar de la asociación, preguntar para ver la situación y asesorar acorde a lo que teníamos delante. Luego apuntábamos la dirección, el nombre del local, el nombre de la persona con la que hablamos, número de teléfono y grado de interés del 1 al 10 del entrevistado.

Todos nosotros además pensábamos que realmente nunca íbamos a aprobar teniendo en cuenta los escasos asociados que habíamos hecho (algunas parejas nunca consiguieron a nadie) y que ya de entrada había cosas en las que nos habían mentido u omitido, pues todo contribuyó a que nos desanimáramos más aún. Muchos empezaron a dudar tan siquiera que se nos fueran a abonar los 80 € del depósito, algo que perdías si abandonabas el curso por cierto, aunque eso sí avisaron y era en cierto modo comprensible.

En resumen, que cuando acabó el curso nos dijeron que ya después teníamos un mes de vacaciones para luego empezar con las contrataciones. Nos examinamos casi al final y nos dijeron las notas de los exámenes teóricos - pero no de todos - y para casa, yendo poco después a recuperar el depósito dado.


"Bye bye" definitivo.

Pasó el mes de vacaciones y llegó el mes siguiente... y nada. Es decir, estuve atenta al teléfono porque se nos aseguró que nos llamarían para decirnos si habíamos aprobado el curso y para contratar, que nos llamarían en la primera semana. Acabé llamando yo y me aseguraron que aún no se había reunido el consejo y que por tanto había que esperar un poco más, que además había mucha gente e irían llamando poco a poco. Dejé pasar otras dos semanas y volví a llamar en vista que ellos volvían a no hacerlo... y me dijeron exactamente lo mismo.

¡Y nunca más volví a llamar y nunca más me llamaron! Así que doy por sentado que suspendí el curso, nunca me han dado la ocasión de recuperar y el tan prometido título que nos iban a dar para demostrar que habíamos hecho el curso sin aparecer. Lo que demuestra exactamente que las cosas fueron al contrario de lo que garantizaron, porque ni tan siquiera se dignaron a llamar para informarme de mi suspenso o aprobado, lo cual me parece realmente vergonzoso.
Se deduce que se dejaron llevar por los puntos no conseguidos, por lo tanto sacar notas superiores al 8 en la teoría y el haberme esforzado todo lo posible en la práctica me ha servido básicamente para nada. Tiempo perdido y dinero perdido, porque a mi el bono transporte nadie me lo ha pagado. No puedo evitar sentirme estafada. No sé siquiera si contrataron a alguien de las otras clases, que de la mía parece que a nadie y, teniendo en cuenta determinadas cosas, también me atrevo a asegurar que dieron los cursos para embolsarse dinero de las subvenciones concedidas para tal fin.

Es cierto que he aprendido muchas cositas de comercial en el curso, pero también he aprendido otras tantas sobre la vida gracias a ellos. Y que conste que escribo esto porque nadie de los que tanto aseguraban que iban a escribir y a decir ha dicho ni mu sobre el tema en ningún sitio, y que tan sólo encontré un escrito de otra chica que debió estar en otro momento diferente al mío, que me siento identificada con lo que pone y a la cual tampoco contrataron.


Quizá el no encontrar nada negativo sea señal de que no hacen nada malo, pero de cara a lo vivido yo sí considero que podrían haber hecho las cosas de mejores modos y no puedo evitar sentir mi experiencia como algo turbio y digno de arrepentirse.