14 de abril de 2014

Visiones campestres (14/04/2014)


A pesar de que no me apetecía mucho por "x" razones y además que el señorito Krower anda resfriadillo, no he podido evitar sucumbir a la pena que me daba el pobrecillo para hacerle caso y dar el visto bueno para ir a los lagos y aunque inicialmente me iba a llevar los prismáticos a última hora me ha dado una pereza tremenda (más que nada por lo que pesan) y me he rajado, yendo a pelo y Krower con su objetivo y el móvil, eso sí.

Al principio hemos tenido muchos problemas porque con el puñetero sol nos quedábamos ciegos (sobre todo el convaleciente enfermo) y yo no conseguía ver absolutamente nada salvo mi careto en el móvil, de modo que enfocar e intentar echar una foto era toda una odisea. Primero lo hemos estado intentando con un par de jilgueros pero no hemos tenido mucho éxito; veréis, es Krower quien lleva la mayor parte del tiempo el móvil, por algo es suyo, pero hoy estaba cegato perdido y yo curiosamente muy capaz de localizar a los pajaritos y por mucho que me esforzaba me costaba muchísimo que él fuera capaz de ver al pájaro en cuestión para echarle la foto. Ha pasado con el segundo jilguero que lo menos hemos estado 10 minutos, yo indicando y él intentando verlo, desde varios ángulos y cuando por fin lo ha conseguido se ha ido el jilguero.

Sin embargo eso no nos ha hecho tirar la toalla y ya yendo a los lagos hemos conseguido identificar por el oído verdecillos, cogujadas y trigueros. Sin embargo se nos antojaba poquísima actividad por su parte, no veíamos nada revolotear y todo se escuchaba muy lejos y poco, como si estuvieran perezosos por el solecito que hacía. Como mucho algún avión común que iba y venía.
Una vez en los lagos poca cosa, salvo los ánades reales de siempre con pollitos en esta ocasión, un mosquitero, gorriones y otro pájaro que no sabíamos identificar. También escuchamos un par de veces a una focha y también a los sapos y, curiosamente para la cantidad de luz, bastantes grillos.
Decir que la tarde era ventosa, con nubes altas y blancas que junto con el sol proporcionaban cierta sensación de bochorno.


Hembra de ánade real con pollitos (tenía 8)


Hoy sí que nos hemos adentrado en los prados, que han plantado de trigo y los brotes verdes y bajos permitían una mejor visibilidad que las hierbas altas, amarillas y secas que acompañarán nuestra vista en unos meses. Nos hemos pasado por delante de la casita de los mochuelos sin verlos en ningún momento y hemos seguido más hacia el campo, hasta llegar a un lugar donde se agrupan algunos árboles en los que en otras ocasiones habíamos observado carboneros y verderones.
Cuando llegamos no había nada pero vi un pájaro de mediano tamaño y colores blancos y grises revolotear y posarse en algún lugar del suelo, poniéndome muy pesada con Krower para que le echáramos un vistazo y que estaba segura que no era ningún pajarillo de los que solemos ver normalmente, si no uno más grande.

Para abreviar diré que finalmente nuestro misterioso amigo se ha dejado ver, ya cuando volvíamos y lo descubrimos de casualidad. Me dio por mirar en el árbol seco y apartado en el que tanto se posan los pájaros y me pareció ver uno, para luego decirle a Krower que no, hasta que noté el movimiento del animal y ya pude asegurar que sin duda había algo ahí. Tras un buen rato enfocando, oyendo el canto del pájaro que lanzaba ocasionalmente y sus idas y venidas durante una hora, pudimos llegar a la conclusión de que se trataba de un pájaro carpintero (yo al principio sospechaba de la abubilla hasta que le oí cantar) y Krower finalmente aseguraba que se trataba de un pito real, un amiguito que ya hemos visto en un par de ocasiones en la zona, con total seguridad y que yo pude ver por primera vez en un parque de Moncloa el verano pasado.



El pito real


Fue divertido ver en cierto momento un triguero posado en el árbol seco en una de las ausencias del pito y que, cuando éste se volvió a posar en el árbol, cambió el canto que había estado haciendo hasta el momento, sin duda intentando echar al pequeño intruso, que se pasaba sus advertencias por su mismísima cloaca. Tanto, que el pito desistió y se marchó.

Cernícalo


Durante este rato también pudimos observar varios cernícalos (estaban lejísimos, pero su manera de volar es inconfundible) y una enorme ave, que estaba tan lejos que no podíamos distinguirla y, aunque luego acabó pasando relativamente cerca no pudimos estar seguros si se trataba de una rapaz o quizá de una garza real. El caso es que comenzamos a escuchar llamadas similares a las de una rapaz provenientes de una dirección ya conocida por nosotros, la del famoso eucalipto donde nos asustó la rapaz a la que perseguíamos y donde encontramos restos de conejo a sus pies.

A pesar de que el sol se ponía y de que tendríamos que dar un buen rodeo (no queríamos pisotear el trigo) decidimos acercarnos al eucalipto, distrayéndonos por el camino con un misterioso pajarito que se me antojó monísimo, que me suena muchísimo pero no caigo cuál puede ser, similar a una lavandera pero de torso marrón o naranja, larga cola negra y blanca y que iba en un numeroso grupo (lo que descarta que sea una lavandera).

Finalmente llegamos al eucalipto y tras pisotear la tierra desnuda, pero arada y azul (suponemos que por algún herbicida) nos plantamos a los pies del árbol. Desde lejos ya vimos que había torcaces que estaban siendo echadas por una urraca, algo que nos decepcionó porque si se posaban las palomas en el árbol significaba que si había una rapaz ya no estaba. Nuestra sorpresa fue que se medio repitió la escena que vivimos la otra vez, pues salió un ave enorme pero esbelta volando en cuanto nos acercamos más y  pudimos identificarla como una garza real.

Garza real

La misteriosa rapaz. ¿Quizá un milano?


Tras un rato de inspección y mi casi muerte por infarto del susto que me dieron las putas torcaces al salir despedidas del árbol, haciéndolo crujir entero justo cuando yo soltaba una rama y que me hicieron pensar que se me caía algo pesado en la cabeza, nos volvimos por donde vinimos.

Un día que comenzó soso pero que nos ha dejado unas cuantas visiones. Lamento la calidad de las fotos, pero es que nuestro pulso de pandereta típico de alguien que o es un yonki sin remedio o un sufridor de Párkinson no nos ha permitido nada más. Para despedirnos este avispero:




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