14 de julio de 2012

Visiones Campestres (13/07/2012)


Ayer Krower y yo decidimos salir por el campo pero no con la idea de ver nada, pues no llevamos ni prismáticos ni cámara, porque nuestra idea era ir a tirarnos por el suelo para jugar un poco al tangram.

No obstante enseguida me arrepentí de no llevarme cámara, porque localizamos una cigarra (o chicharra) posada en un muro al poquito de tomar el camino. Era bien grande, negra y estaba muy quieta, sin hacer ruido y a la altura de poder cogerla sin problemas. Krower pensó que podía ser una hembra porque le parecía ver un ovopósitor, a lo que yo  le dije que podría ser porque los machos tienden a subirse bien alto y "cantar" para atraerlas, mientras que este ejemplar se limitaba a estar a poca altura y en silencio.
La estuvimos mirando un rato y seguimos andando y pensamos en probar a hacer una breve visita a los mochuelos para ver cómo estaban, aunque lo más probable era que ya no estuvieran. De hecho, al llegar no los vimos pero sí que había un conejo en medio del camino. Parecía un gazapo o, como pudimos darnos cuenta después, un lebrato. Nos acercamos por un lado bien rápido para pillarle desprevenido y se metió entre unos matojos, quedándose quieto. Krower y yo nos pusimos a apartar las pajas para verle y vimos que tenía los ojos cerrados, algo que indica una más que probable mixomatosis
"No le toques" me decía Krower y en esto que al poco se le pone a acariciarle la cabeza e intenta sacarlo cogiéndole de las orejas. El lebrato se movió y se apartó y Krower le sujetó presionando sobre el lomito y el lebrato comenzó a temblar (pobre). Tiró para atrás y se le escapó y ya llegué yo, que no podía ser menos, y le eché las manos encima, levantándole por los sobaquillos. Le tenía ya bien levantado en el aire pero en esto que se me retuerce y, como tiendo a apretar mucho cuando algo se me mueve entre las manos, le solté (con un gritito histérico, que no falte ¬¬) y cayó a la paja, blandito al menos. Y ahí ya sí que estaba todo despejado y ocurrió lo que ya vi según cayó al suelo; que ahí ya sí que no le volvíamos a coger ni de coña.

Efectivamente, salió disparado y se metió en un terreno privado, detrás de unas láminas de madera que había apoyadas en la valla. Krower le intentó hacer salir con una pajita y casi lo consigue, pero el lebrato me debió ver y, cuando iba a salir, se volvió a meter corriendo. Luego, al rato, salió por el otro lado, aun dentro del terreno y se lanzó a la paja donde ya sí que le perdimos de vista.

Ya en lo que quedó la tarde no vimos ni hicimos nada más reseñable, porque ya nos pusimos a buscar un sitio para ponernos a jugar y no vimos nada extraordinario hasta volver, donde Krower vio volando una abubilla.

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